viernes 13 de noviembre de 2009

La Gran Vía Crepuscular

Vi la Gran Vía crepuscular romper
El nudo de la luna y derrumbarse
De una estela mojada levantarse
Umbría, ávida del tráfico de ayer

La Vía con el día volvió a nacer
Se vio en la penumbra arremolinarse
A los escombros vencidos, y darse
Corvos, mal dadas señas para volver

Desierta anchura de bares cerrados
La lerda procesión, lenta agonía
Batalla de almas que en los bolsillos

No encuentran la llave de los altillos
Que esconden los licores olvidados
Que apagan la fatal melancolía

martes 3 de noviembre de 2009

Delirios de grandeza

En los días en los que la gripe o el catarro atacaban con dureza y no iba al colegio me quedaba en casa, enredado entre mantas, escuchando todo lo que ponían en la radio. Tenía una radio negra, inmensa, de doble pletina, que en aquellos días de enfermedad era mi única compañía. Yo era muy pequeño y la casa era la antigua. Recuerdo esas mañanas con especial añoranza, parecía que el tiempo se detenía delante de aquel aparato y cada nueva melodía creaba un ambiente de sorpresa y extrañeza constantes.
Los días de cautiverio daban para mucho, eran muchas las cosas que por allí sonaban, anuncios, canciones, informativos...voces y más voces. Iniciaba yo entonces un proceso mediante el cual giraba y giraba la rueda del dial para luego grabar en cintas de cassete todo aquello que me resultara apetecible. Después añadía algunas palabras por mi cuenta, como si tratase de archivar y recopilar momentos sonoros necesarios, sin ningún tipo de criterio exacto, por supuesto.
Hace un tiempo tropecé con esas cintas y entre una amalgama de voces lejanas y sintonías añejas descubrí una canción de Gabinete Caligari. En aquellas grabaciones aleatorias que llevaba a cabo en las fiebres infantiles se había colado "Tócala, Uli". Me quedé escuchando la descripción de la presentadora tras el tema, y lo presentaba como una auténtica novedad del momento. Eso debió ser por el 88/89, momento de la publicación de "Camino Soria" (el disco que la contiene) así que yo andaría por los 7 u 8 años. Era, imagino, totalmente ajeno a lo que allí sonaba...
Seguidamente, la voz de la presentadora se corta bruscamente y se cuela de pronto, entre los altavoces, el aire callado de mi habitación. Entré de nuevo en el ambiente de mi casa, en aquellos días. Escuché nuevamente, veinte años después, el viento en las ventanas, el silbido de los coches que pasaban, y unos (los míos) comentarios roncos e ininteligibles.
Me hizo gracia pensar que llevaba más tiempo escuchando esa canción del que me pudiera haber imaginado. Desde tan pequeño, sin saberlo, ya había escuchado a Gabinete, los había elegido entre la multitud de sonidos que bullían aquella mañana de fin de década, para que fueran sólo ellos los que entraran en una de mis preciadas antologías de las ondas...

Nombrar a Gabinete Caligari es tocar uno de los palos claves de la música de este país. No ha habido ningún grupo en España con la suficiente personalidad, clase y buenas canciones como para poderles hacer sombra, ni de lejos.
Esta semana tuve la oportunidad de conversar (e incluso de entregarle uno de mis discos) con el cerebro de Gabinete, Jaime Urrutia. Muchos amigos compartimos la opinión de que trata del creador más auténtico que existe en el panorama rockero nacional y no falta ninguna de sus canciones en nuestras particulares fiestas de guitarras y amaneceres. Una voz personalísima, la elegancia en la escritura, llena de connotaciones literarias, y la complejidad y originalidad de sus melodías lo convierten en un compositor e intérprete único.
En la discografía del grupo,"Delirios de grandeza" aparece únicamente como tema inédito en el primer recopilatorio de Gabinete Caligari (Grandes Éxitos, 1993). Ese disco estaba por casa, en vinilo, y recuerdo que aquella canción me partía por la mitad, buscando el cómo unos tipos que iban con esas pintas hacían una canción que era más pasodoble que rock.
Si por algo Gabinete Caligari son reconocidos es por su tremenda originalidad, por dar un paso más en cada uno de sus discos, recomendables todos ellos, absolutamente. Se atrevieron con ritmos prohibidos para el rock como la tarantella o el bolero (El calor del amor en un bar, Amor de madre). Ésta canción, que da prueba de ello, es, sencillamente, de lo mejor que hicieron nunca. En la actualidad Urrutia la utiliza para empezar sus actuaciones y la incluyó en su último disco en directo (Enjoy, 2007).
El tema tiene sus valedores principales en el ritmo hipnótico del bajo y la marcada presencia de la marimba. Sobre esto surgirá la voz principal, que se mueve por unas estrofas y estribillos en constante ascenso. Todo concluye con un misterioso solo a cargo de la guitarra.
La temática de la canción se centra en el momento en que las ansias se ven al fin satisfechas, los sueños cumplidos, y la esperanza se convierte definitivamente en realidad. También hay mucho de ego, como muchas otras canciones de Gabinete, de impostura sobre los demás. Y la letra es una obra maestra, de principio a fin, una genialidad como hay pocas. Si te atreves a escuchar, aquí está...y delira...delira.

A Sergio y al Guinche, que les gusta mucho



Sentir como las horas van cayendo
Por las manecillas del reloj.
Ver que se aproxima ya el momento
De cumplir al fin una ilusión.
Tú fuiste un olvidado de la suerte
Un gran cero a la izquierda sin opción.
Hoy la vida va a corresponderte
Aquí estoy para cantarlo con mi voz
Andar pisando el suelo con firmeza
Notar que se están haciendo realidad.
Tus delirios de grandeza
Como la naturaleza
Cuando se desata un vendaval.

Llenar de pajaritos la cabeza
Vas a ser mejor que los demás.
Quién en sus delirios de grandeza
Dime quién no ha imaginado ser un as.
Andar pisando el suelo con firmeza
Tocar el firmamento y los planetas.
Notar que se están haciendo realidad
Tus delirios de grandeza
Como la naturaleza
Cuando se desata un vendaval.
Qué es preciso delirar
Para bien o para mal.
Delirios de grandeza que se hacen realidad.