jueves 30 de abril de 2009

IV. Como balas perdidas, como piedras rodantes

Desempolvé en aquel tiempo a prohibidas
Sólo por mí, tonadas ansïosas
Que finitas y hermosas
Las tardes pasaban, mustias, ociosas
Anhelantes, golosas
Para nada construidas
Siempre pendientes de ser requeridas
Por escenarios y por avenidas
Las había lucido
Pero poco había sido
El ruido, ¿y las furias? Enmudecidas

Como balas perdidas
Como piedras rodantes
Como almas desvalidas
Como al aire las veletas, cambiantes
Ya hora era de anular
La soledad musical
De encontrar en la profundidad mundial
Camaradas con hambre de derivar
Ya hora era de revelar
Y descender al hoyo protegido
A voz dar al submundo enloquecido
Y música a las notas repartidas…
Y a tantas partituras bosquejadas
Darles el mejor abrigo, caladas
Como estaban de la lluvia de olvido

Pude haber requerido
Para las nacientes encrucijadas
Jinetes del Oeste desconocido
Predicadores de un credo excluido
Autores de monadas
O vendedores de humo ennegrecido
En cambio, quedóme algún parecido
Tan fetén, con excepciones contadas
Que si hubiéralo alguna vez buscado
Pudiéralo jamás haber conseguido

El celeste trino, y las derrotadas
No avaladas baladas
Transmutaron en sinfonías aladas
Sergio, Cristitobueno
Guardianes del centeno
Más el Tati…Glorias reunificadas
Viejas, vivas, a la causa entregadas
Que alguna tarde de calor del norte
Nos pusimos a ello
Para mi reconforte

martes 21 de abril de 2009

III. El vital sentido

Al poco de aquello que te refiero
En la nueva cosecha
Estalló el aguacero….

Abandonándome a la suerte mía
Despojándome de un cielo entero
Batió la muerte un día
Fatal de aquel Febrero
Su bruno abanico imperecedero
Que a los vivos de los muertos deslía

Un corazón de acero
Llevóse, y aún latía….
Voraz cirugía
Que rasga precisa, con corte certero
El mundo de los que aquí quedaron
Del otro que inventaron
Todos los que se fueron…

Desde entonces, una sola la estrella
Uno sólo el sendero
Desde entonces, donde su sola huella
Se convierte en mi guía
No soy yo, nunca más, ni todavía…
Desde la noche mi mano le envía
Vida en venganza de la suya, aquella
A través de una confiada armonía

La tan amarga herida
Mostró el vital sentido
A éste que habla, que arroja el ladrido
Que canta y calla, que ruge abatido