IV. Como balas perdidas, como piedras rodantes
Desempolvé en aquel tiempo a prohibidas
Sólo por mí, tonadas ansïosas
Que finitas y hermosas
Las tardes pasaban, mustias, ociosas
Anhelantes, golosas
Para nada construidas
Siempre pendientes de ser requeridas
Las había lucido
Pero poco había sido
El ruido, ¿y las furias? Enmudecidas
Como piedras rodantes
Como almas desvalidas
Como al aire las veletas, cambiantes
Ya hora era de anular
La soledad musical
De encontrar en la profundidad mundial
Camaradas con hambre de derivar
Ya hora era de revelar
Y descender al hoyo protegido
A voz dar al submundo enloquecido
Y música a las notas repartidas…
Y a tantas partituras bosquejadas
Darles el mejor abrigo, caladas
Como estaban de la lluvia de olvido
Para las nacientes encrucijadas
Jinetes del Oeste desconocido
Predicadores de un credo excluido
Autores de monadas
O vendedores de humo ennegrecido
En cambio, quedóme algún parecido
Tan fetén, con excepciones contadas
Que si hubiéralo alguna vez buscado
Pudiéralo jamás haber conseguido
No avaladas baladas
Transmutaron en sinfonías aladas
Sergio, Cristitobueno
Guardianes del centeno
Más el Tati…Glorias reunificadas
Viejas, vivas, a la causa entregadas
Que alguna tarde de calor del norte
Nos pusimos a ello
Para mi reconforte




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